El Asturias que pocos conocen

Los años mozos...El Señor Presidente fue mi ingreso al mundo de Asturias y debo decir que, como muchos, me volví inmediatamente “fan” de nuestro Premio Nobel aunque no me dediqué a leer toda su obra como sí lo hice en el caso de García Márquez. Hombres de Maíz fue lectura obligatoria en High School y debo aceptar que en ese entonces estaba cautivado por Shakespeare y me aburrí tanto al empezar a leer esta otra obra de Asturias que desistí y opté por caminos más rápidos para cumplir. Sin embargo, no hay lugar a dudas de la calidad y la originalidad de los escritos del ilustre guatemalteco y es precisamente por conocer parte de su obra y de sus logros que leer el documento sobre los indígenas lo deja a uno perplejo y meditando seriamente en tantas cosas que tan abiertamente discute.

Para empezar establece el problema del abandono en todos los sentidos del pueblo indígena, por las autoridades, por las clases mejor capacitadas y por ellos mismos. En el contexto de la época en que escribe esta era una realidad y sigue siendo bastante parecida en esta época con unas pocas mejoras y, tristemente, con algunas cosas peores porque la brecha entre clases sociales y poderes económicos simplemente se ha agrandado más año con año.

En primer lugar debo compartir que soy de un pueblo con tradición de racismo, nací en San Marcos, San Marcos y nuestros vecinos “de al lado” los “sampedranos”, “shecanos”, “tirapiedras”, fueron siempre calificados como indios por mis conciudadanos, es posible incluso que yo haya participado de esta costumbre pues salí de mi pueblo a los catorce años. Luego de 24 años y de vivir en más de un país mi visión se ha ampliado y creció en mí un gran desprecio por la palabra “indio”, la cual no considero ni geográfica ni culturalmente adecuada. No estoy de acuerdo con Asturias en que los “ladinos” estén o estemos mejor, de hecho ya las razas se han combinado tanto que todos llevamos un poco de sangre de todas partes. De hecho pocos ciudadanos del mundo podrían considerarse “de raza pura” y ya sea del lado de nosotros los que creemos en la creación de Dios o del lado de los que creen en las fábulas del evolucionismo hay un origen común.

La variedad y el color son símbolos de nuestra cultura

 

 

La descripción histórica y geográfica que Asturias hace me parece muy buena e ilustrativa para ubicarnos y conocer mejor el pasado de nuestras culturas; me recuerda el libro “Bitter Fruit” que leí en Estados Unidos y provocó en mí más de un sentimiento anti-americano a pesar de estar en esa época gozando de una beca completa por parte de Sam Walton. Sin embargo, este marco es propio de una tesis y no establece un punto más que histórico y social. A mi parecer el estudio de las culturas, las edificaciones y las costumbre de antes nos ayuda a conocer más sobre nuestro entorno pero no debe hacernos “idolatrar” las culturas. Siempre he creído que si los mayas tuvieron su “gloria” después de Cristo entonces estaban  muy atrasados con respecto al pueblo judío y oriental en general. También creo firmemente que todas las edificaciones de civilizaciones antiguas tienen mucho mérito en su diseño; sin embargo su construcción se debe únicamente al factor que en esa época no había comisiones de derechos humanos que velaran por los intereses de los ciudadanos y mucho menos de los esclavos.

Las “soluciones” que Asturias propone el “problema” indígena no son soluciones porque yo no veo ningún problema, los países gozan de la diversidad étnica y cultural que han ido heredando por diversos procesos y creo firmemente en los propósitos de Dios para cada persona pero también hay propósitos de Dios para las naciones, Dios es un Dios que se preocupa de las naciones y lo tenemos detallado en la Biblia. La forma en la que los guatemaltecos hemos tenido que convivir ha hecho de nosotros la nación que somos, con su diversidad y su belleza.

Podemos convivir en amor con Dios y la naturaleza

La mejor muestra de que las cosas siguen su curso es que hoy, cincuenta años después de la tesis de Asturias las cosas no han cambiado mucho. Claro que muchos de esos “cruces” que él proponía se han dado pero de forma natural y sin “importar” genes ni sementales de otros países. Como lo dije al inicio de este documento el mundo tienen un origen común y no esperamos encontrar razas puras en muchos lugares. Guatemala es un país muy bello y singular, en nuestra época debe preocuparnos más unirnos para luchar con los flagelos actuales más que “mejorar las razas”. El desarrollo de tantos pueblos indígenas como Quetzaltenango, Almolonga, Totonicapán y muchos otros ha demostrado que los factores de raza se pueden hacer a un lado cuando los factores humanos y espirituales se anteponen, podemos demostrar al mundo que Dios hizo un país tan diverso por una razón y que somos el mejor testimonio de que un país con tantas diferencias puede avanzar.

Los colores de Guatemala

 

 

 

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